Así es, en lugar del típico grito de júbilo de ¡Que vivan las fiestas patrias!, yo les deseo de todo corazón, ¡que sobrevivan las fiestas patrias!. Dieciséis horas de turno entre las 17 horas de ayer y las 09 de hoy, me confirmaron lo que en el fondo de mi ser ya sabía.... Estas Fiestas Patrias, serían una flaite y etílica versión de kill bill. Miembros amputados, sablazos en diversas partes del cuerpo, masa encefálica fuera de su cabeza de origen, heridas a bala por aquí y por allá, estocadas, cuchilladas, punzadas, etc. etc. etc.
Sangre, sangre y más sangre. Cero respeto por sus pobres huesitos que la producen con tanto trabajo, y la derraman como si abundara. ¡Una total falta de respeto!. Ahora bien, si me preguntan ¿porqué me tomo todo esto con un tono irónico y casi sin respeto? simple.... porque la mayoría se lo buscó.
Los hechos:
- Un 100% de los apuñalados y acuchillados y baleados que vi (mas de 20), estaba o ebrio o bajo la influencia del alcohol.
- El 90% amenazó con "ir a cobrar" (entiéndase, ir a apuñalar o balear a quien los agredió, cosa que la gente decente, no hace).
- Al 95% de los agredidos solo lograba entenderle la mitad de lo que decían (aun no he comprado mi copia del diccionario flaite-español español-flaite)
- En 95% portaba algún tipo de arma blanca, y sus amigos también.
Entonces, luego de analizar los hechos, ¿quienes fueron potencialmente la población atendida por agresión? simple, delincuentes. "¡Igual son personas!" diría por ahí una colega con vocación de carmelita descalza, totalmente de acuerdo, también son personas, pero personas con valores trastocados y conducta social inadaptada, y un peligro incluso para nosotros mismos que los atendemos, ya que si no respondemos a sus expectativas, nos agreden.
Pero bueno, fue sólo el primer día de "festejos" y me quedan dos turnos más.... a ver con que me encuentro.
sábado, 17 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
27 de febrero de 2010: Recuerdo de mi quinto fin de mundo, parte 1
La entrada de ayer me tuvo despierta hasta las 02 a.m. ¿el motivo? el vendaval de recuerdos de aquella noche en que muchos coterráneos penquistas creyeron que se acababa el mundo. Aquella noche en que muchos perdieron seres queridos, y el desconsuelo probablemente les haga sentir aun, que ya no hay nada en este universo. Aquella noche en que el sacrificio de toda una vida, de trabajo y esfuerzo, se desvaneció bajo escombros o bajo el mar. Aquella noche en que 2 minutos 45 segundos nos mostraron a esta generación, que los verdaderos dueños del planeta no somos los humanos, sino las fuerzas de la naturaleza. Aquella noche, en que lejos de mi familia, supe qué era, vivir un terremoto.
el turno del 26 de febrero: día viernes normal, recuerdo claramente que escogí una ropa super veraniega top, por el gran calor que hacía a pesar de algunas nubes altas en el cielo (desde niña me fijo en eso antes de salir), entraba a turno a las 17 horas, y debería estar allí hasta las 09 a.m. del sábado, por lo que, de seguro, sería una mañana calurosa también. Debía llevar polera, pantalón ligero y sandalias, de seguro no necesitaría nada más.
Llegué al servicio, me puse mi uniforme, y a trabajar. Al llegar me encuentro que mi compañera de turno había pedido permiso ese día, por lo que tendría que trabajar con un reemplazo, Fernando. El médico que tendría que estar toda la noche, llegó a las 20 horas, y el comentario de casi todos era el tremendo calor. Una extraña sensación tenía a casi todos inquietos (algo residuo de instinto animal supongo). Nunca olvidaré al guardia viejito que mas preciso que nostradamus dijo sin vacilar a las 01 a.m., "va a temblar, tiene toda la pinta". "si, asi parece, está rara la noche" dijo la administrativo, Rosita. No opiné nada. Otra cosa llamaba la atención, era noche de viernes y aún no habían ebrios ni agredidos en el servicio. Inusual por donde lo miraran. La tranquilidad facilitó el descanso, y le sugerí a mi compañero reemplazo que descansara un rato, mientras no había nada.
A las 03 a.m. la extraña calma se rompió con tres jóvenes sangrando. Eran agredidos de una pelea callejera, y uno tenía la nariz colgando sólo en un trozo de piel, prácticamente estaba amputada, y el joven con múltiples lesiones. Los amigos, policontusos. El de la nariz debía ser operado rápidamente por lo que fue derivado al hospital de Concepción.
03:33 am: Estábamos en espera de su traslado, el joven ya estable por lo menos, cuando un rugido (si, un RUGIDO) furioso resonó en el aire, ¿un camión? ¿un tren? ¿¡que rayos es ese ruido?! me paralizó, miré al médico y su expresión me dijo que exactamente las mismas preguntas se estaban cruzando por su cabeza.
-¿y eso?- alcancé a terminar la pregunta en voz alta, cuando la tierra me respondió de inmediato, un suave movimiento de la tierra empezó a moverme de izquierda a derecha. El doctor se dirigió a la entrada de ambulancias, pero al no poder abrirla, me gritó que me dirigiera al dintel de la puerta de enfermería. Obedecí, sin analizar que no era la mejor opción, pero al fin y al cabo, solo sería hasta que pasara el temblor. Inmediatamente el se sostuvo del mismo lugar. El ruido aumentó, y el suave movimiento de izquierda a derecha, cambió bruscamente por una sacudida fuerte y multidireccional que amenazó con botarme. Me aferré mas fuerte del dintel. Sentí caer tubos de oxígeno con gran estruendo, y luego galones de gas guardados en el baño. ¡que temblor más fuerte!, ¡¿por qué no para?! ¡¿que es esto?! fueron las preguntas que casi en forma simultánea pasaron por mi cabeza.
Corte de luz, el rugido ahora parecía cubrir cada centímetro del espacio a mi alrededor, los gritos de los tres jóvenes agredidos, me devolvieron al tiempo y espacio, mire a mi alrededor, ya no había luz, pero una extraña luminosidad me permitía ver todo claramente, las vitrinas con farmacos azotaban sus puertas de vidrio brusca y ruidosamente, jarabes, ampollas, comprimidos e isnumos volaban y caían al suelo. Desde la bodega de materiales caían y caían cosas, y por fin entendí que estaba ocurriendo. Estaba viviendo un terremoto.
Un minuto y medio de temblor y pareció empezar a disminuir, pero solo para seguír más fuerte.
Mis pensamientos viajaron ágil y desesperadamente a mi casa ¡mi hija! ¡mi abuela! ¡o por dios, cuanto teme ella a los temblores, de seguro no aguantará esto! ¡mi papá, que hará mi papá, con su mamá muerta! ¡no tendrá tiempo de llorarla, tendrá que salir! ¡si, puede haber tsunami, tiene que salir! ¡tendrá que dejarla ahí y huir con mi hija! ¡tiene que salvar a mi hija! ¿tsunami? ¡o por Dios, puede haber tsunami, nosotros también tenemos que huir de aquí!.
-¡Mi señora! ¡mi señora está embarazada!- grito angustiosamente el medico aferrado al otro extremo de la entrada. Entendí su angustia, yo también la sentía, pero por mi bebé de tan solo un año.
Probablemente me llevó 20 segundos pensar todo eso. El rugido de la tierra y la furiosa sacudida, los gritos de los tres jóvenes, mis pensamientos, todo mezclado en momentos que parecían solo un mal sueño. Un golpe de mi cabeza contra la pared mientras intentaba mantenerme en pie y aferrada aún al dintel me dijo cruelmente que no era un mal sueño, era terremoto real. Y luego, por fin. empezó a cesar, los gritos de los jóvenes desaparecieron, y luego el tren se detuvo.
Abstraída, salí por la entrada de ambulancias, sin pensar en la enorme estructura de acero que tendría sobre mi cabeza hasta llegar al estacionamiento. Salí sin siquiera preguntarme donde estaban los jóvenes. Solo una cosa ocupaba mi mente, que estará pasando con mi bebe y mi familia.
Vi a la administrativo, Rosita, en el estacionamiento; había salido junto al paramedico SAMU, Carlos, por el acceso principal. Al lado de ellos la auxiliar de servicio Cristina, mi colega reemplazo Fernando, y el chofer de la ambulancia Jaime. Tomé el celular, solo para comprobar que de nada servía. La primera réplica.
- Esto fue un terremoto- era el comentario (absurdo) que nos hacíamos unos a otros, probablemente la angustia por nuestras familias no nos permitía hilar mas palabras. Un estruendo ensordecedor nos volvió a estremecer.
- Se derrumbó un edificio- me dijo la sra. Rosita. -eso fue un edificio- en efecto, el ruido inconfundible de un edificio desplomándose fue lo que escuchamos todos.
- Debe ser un edificio de los bloques de la Villa- le comenté. Nunca hubiera imaginado en ese momento, que el edificio había colapsado al otro lado del río, y que se convertiría en la imagen más emblemática del terremoto.
Quince minutos pasarían, cuando la angustia del médico terminó, su esposa e hija, llegaron al servicio aún en pijamas. Para el resto de nosotros la angustia aumentaba. Otro médico, cuya familia estaba en el norte, llegó a brindar colaboración ante la inminente emergencia asistencial.
- Debemos preparar todo porque empezará a llegar gente herida- dijo seca y fríamente. Supongo que la seguridad del bienestar de su familia lejos de acá, le permitía mantener una calma imposible para el resto de nosotros.
¿gente herida? ¿y si mi propia hija estaba herida? ¿y yo aun acá? ¿sin ayudarla por ayudar a otros? ¡nooooo! ¡tengo que irme de acá! ¡tengo que ver a mi hija, saber de ella! ¡déjenme ir a verla, y juro por Dios que si está bien vuelvo! ¡solo quiero saber de ella! ¡solo eso!. Ninguna de estas frases salió de mis labios, pero parecía que mis pensamientos gritaban por mis ojos.
- Nadie puede irse hasta que no tengamos confirmación de que sucedió- Fue la lapidaria respuesta del médico recién llegado a mis súplicas internas. Cuan lector de mentes, me respondió firmemente, tomando el mando de la situación. Era un hecho, su calma venía de la seguridad de su familia, sin dudarlo, si su esposa e hijos hubieran estado acá, él no actuaría de esta manera, pensé.
A las 04:30, una ambulancia se estaciona frente a nosotros, y un desesperado conductor nos grita, "¡traigo una mujer malherida!" el médico de turno corre y evalúa a la mujer, baja y me grita "¡Pame, dos sueros acá rápido!".
Actué cuan zombie a la orden del amo. Caminé a la ambulancia, tomé dos sueros, le puse ambas vías venosas sin luz, alumbrando con mi celular..... ¿mi celular? ¡¿que pasaría con mi hija?!...... una imagen brusca y sangrienta me devolvió a la realidad, dos huesos astillados asomados desde la mitad de ambas piernas de la mujer de la ambulancia, de aproximadamente 60 años. Tenía fractura expuesta de ambas piernas.
Bajé de la ambulancia, la grave lesión de la mujer solo acrecentó mi miedo, mi pánico. Miles de cosas cruzando por mi cabeza, intentaba eliminar rápidamente las malas para no atraer la desgracia. Pero el miedo llenaba mi ser, mi hija, mi hermana, o mi madre heridas, mi abuela muerta, eran los males esperables en el horroroso momento que estaba viviendo. Eran los males soportables y estaba preparada para ellos. Peor que eso NO podía pasar. Mi padre debía estar bien, estaba obligado a estar bien, porque sería él el encargado de manejar mi jeep para huir al cerro en caso de tsunami.
Miraba incansable y mecánicamente mi celular, cuando Dios se apiadó de mi, y un "bip bip" sonó. Solo un mensaje de texto que decía: "Estamos todos bien, vamos al cerro en el jeep, nos llevamos los vecinos del frente".
GRATITUD POR DIOS, INFINITA GRATITUD. CALMA. FELICIDAD. Y DESAHOGO...
Y mi desahogo, se convirtió en lágrimas de gratitud... Un gran abrazo de la sra. Rosita, me cobijó, quien lloró junto conmigo.
- Están bien sra. Rosita, mi familia están todos bien- La mire, y comprendí que la calma que yo sentía aún no llegaba a ella, le entregué mi celular para que buscara comunicarse con sus hijos.
Tres personas, pidiendo ayuda y otro con una persona en brazos, despertaron mi alerta. Ahora pensaba claro, MI gente estaba bien. Pero a quienes tenía en frente no.
Y por fin en calma, respondí a la emergencia, y me puse a trabajar....
el turno del 26 de febrero: día viernes normal, recuerdo claramente que escogí una ropa super veraniega top, por el gran calor que hacía a pesar de algunas nubes altas en el cielo (desde niña me fijo en eso antes de salir), entraba a turno a las 17 horas, y debería estar allí hasta las 09 a.m. del sábado, por lo que, de seguro, sería una mañana calurosa también. Debía llevar polera, pantalón ligero y sandalias, de seguro no necesitaría nada más.
Llegué al servicio, me puse mi uniforme, y a trabajar. Al llegar me encuentro que mi compañera de turno había pedido permiso ese día, por lo que tendría que trabajar con un reemplazo, Fernando. El médico que tendría que estar toda la noche, llegó a las 20 horas, y el comentario de casi todos era el tremendo calor. Una extraña sensación tenía a casi todos inquietos (algo residuo de instinto animal supongo). Nunca olvidaré al guardia viejito que mas preciso que nostradamus dijo sin vacilar a las 01 a.m., "va a temblar, tiene toda la pinta". "si, asi parece, está rara la noche" dijo la administrativo, Rosita. No opiné nada. Otra cosa llamaba la atención, era noche de viernes y aún no habían ebrios ni agredidos en el servicio. Inusual por donde lo miraran. La tranquilidad facilitó el descanso, y le sugerí a mi compañero reemplazo que descansara un rato, mientras no había nada.
A las 03 a.m. la extraña calma se rompió con tres jóvenes sangrando. Eran agredidos de una pelea callejera, y uno tenía la nariz colgando sólo en un trozo de piel, prácticamente estaba amputada, y el joven con múltiples lesiones. Los amigos, policontusos. El de la nariz debía ser operado rápidamente por lo que fue derivado al hospital de Concepción.
03:33 am: Estábamos en espera de su traslado, el joven ya estable por lo menos, cuando un rugido (si, un RUGIDO) furioso resonó en el aire, ¿un camión? ¿un tren? ¿¡que rayos es ese ruido?! me paralizó, miré al médico y su expresión me dijo que exactamente las mismas preguntas se estaban cruzando por su cabeza.
-¿y eso?- alcancé a terminar la pregunta en voz alta, cuando la tierra me respondió de inmediato, un suave movimiento de la tierra empezó a moverme de izquierda a derecha. El doctor se dirigió a la entrada de ambulancias, pero al no poder abrirla, me gritó que me dirigiera al dintel de la puerta de enfermería. Obedecí, sin analizar que no era la mejor opción, pero al fin y al cabo, solo sería hasta que pasara el temblor. Inmediatamente el se sostuvo del mismo lugar. El ruido aumentó, y el suave movimiento de izquierda a derecha, cambió bruscamente por una sacudida fuerte y multidireccional que amenazó con botarme. Me aferré mas fuerte del dintel. Sentí caer tubos de oxígeno con gran estruendo, y luego galones de gas guardados en el baño. ¡que temblor más fuerte!, ¡¿por qué no para?! ¡¿que es esto?! fueron las preguntas que casi en forma simultánea pasaron por mi cabeza.
Corte de luz, el rugido ahora parecía cubrir cada centímetro del espacio a mi alrededor, los gritos de los tres jóvenes agredidos, me devolvieron al tiempo y espacio, mire a mi alrededor, ya no había luz, pero una extraña luminosidad me permitía ver todo claramente, las vitrinas con farmacos azotaban sus puertas de vidrio brusca y ruidosamente, jarabes, ampollas, comprimidos e isnumos volaban y caían al suelo. Desde la bodega de materiales caían y caían cosas, y por fin entendí que estaba ocurriendo. Estaba viviendo un terremoto.
Un minuto y medio de temblor y pareció empezar a disminuir, pero solo para seguír más fuerte.
Mis pensamientos viajaron ágil y desesperadamente a mi casa ¡mi hija! ¡mi abuela! ¡o por dios, cuanto teme ella a los temblores, de seguro no aguantará esto! ¡mi papá, que hará mi papá, con su mamá muerta! ¡no tendrá tiempo de llorarla, tendrá que salir! ¡si, puede haber tsunami, tiene que salir! ¡tendrá que dejarla ahí y huir con mi hija! ¡tiene que salvar a mi hija! ¿tsunami? ¡o por Dios, puede haber tsunami, nosotros también tenemos que huir de aquí!.
-¡Mi señora! ¡mi señora está embarazada!- grito angustiosamente el medico aferrado al otro extremo de la entrada. Entendí su angustia, yo también la sentía, pero por mi bebé de tan solo un año.
Probablemente me llevó 20 segundos pensar todo eso. El rugido de la tierra y la furiosa sacudida, los gritos de los tres jóvenes, mis pensamientos, todo mezclado en momentos que parecían solo un mal sueño. Un golpe de mi cabeza contra la pared mientras intentaba mantenerme en pie y aferrada aún al dintel me dijo cruelmente que no era un mal sueño, era terremoto real. Y luego, por fin. empezó a cesar, los gritos de los jóvenes desaparecieron, y luego el tren se detuvo.
Abstraída, salí por la entrada de ambulancias, sin pensar en la enorme estructura de acero que tendría sobre mi cabeza hasta llegar al estacionamiento. Salí sin siquiera preguntarme donde estaban los jóvenes. Solo una cosa ocupaba mi mente, que estará pasando con mi bebe y mi familia.
Vi a la administrativo, Rosita, en el estacionamiento; había salido junto al paramedico SAMU, Carlos, por el acceso principal. Al lado de ellos la auxiliar de servicio Cristina, mi colega reemplazo Fernando, y el chofer de la ambulancia Jaime. Tomé el celular, solo para comprobar que de nada servía. La primera réplica.
- Esto fue un terremoto- era el comentario (absurdo) que nos hacíamos unos a otros, probablemente la angustia por nuestras familias no nos permitía hilar mas palabras. Un estruendo ensordecedor nos volvió a estremecer.
- Se derrumbó un edificio- me dijo la sra. Rosita. -eso fue un edificio- en efecto, el ruido inconfundible de un edificio desplomándose fue lo que escuchamos todos.
- Debe ser un edificio de los bloques de la Villa- le comenté. Nunca hubiera imaginado en ese momento, que el edificio había colapsado al otro lado del río, y que se convertiría en la imagen más emblemática del terremoto.
Quince minutos pasarían, cuando la angustia del médico terminó, su esposa e hija, llegaron al servicio aún en pijamas. Para el resto de nosotros la angustia aumentaba. Otro médico, cuya familia estaba en el norte, llegó a brindar colaboración ante la inminente emergencia asistencial.
- Debemos preparar todo porque empezará a llegar gente herida- dijo seca y fríamente. Supongo que la seguridad del bienestar de su familia lejos de acá, le permitía mantener una calma imposible para el resto de nosotros.
¿gente herida? ¿y si mi propia hija estaba herida? ¿y yo aun acá? ¿sin ayudarla por ayudar a otros? ¡nooooo! ¡tengo que irme de acá! ¡tengo que ver a mi hija, saber de ella! ¡déjenme ir a verla, y juro por Dios que si está bien vuelvo! ¡solo quiero saber de ella! ¡solo eso!. Ninguna de estas frases salió de mis labios, pero parecía que mis pensamientos gritaban por mis ojos.
- Nadie puede irse hasta que no tengamos confirmación de que sucedió- Fue la lapidaria respuesta del médico recién llegado a mis súplicas internas. Cuan lector de mentes, me respondió firmemente, tomando el mando de la situación. Era un hecho, su calma venía de la seguridad de su familia, sin dudarlo, si su esposa e hijos hubieran estado acá, él no actuaría de esta manera, pensé.
A las 04:30, una ambulancia se estaciona frente a nosotros, y un desesperado conductor nos grita, "¡traigo una mujer malherida!" el médico de turno corre y evalúa a la mujer, baja y me grita "¡Pame, dos sueros acá rápido!".
Actué cuan zombie a la orden del amo. Caminé a la ambulancia, tomé dos sueros, le puse ambas vías venosas sin luz, alumbrando con mi celular..... ¿mi celular? ¡¿que pasaría con mi hija?!...... una imagen brusca y sangrienta me devolvió a la realidad, dos huesos astillados asomados desde la mitad de ambas piernas de la mujer de la ambulancia, de aproximadamente 60 años. Tenía fractura expuesta de ambas piernas.
Bajé de la ambulancia, la grave lesión de la mujer solo acrecentó mi miedo, mi pánico. Miles de cosas cruzando por mi cabeza, intentaba eliminar rápidamente las malas para no atraer la desgracia. Pero el miedo llenaba mi ser, mi hija, mi hermana, o mi madre heridas, mi abuela muerta, eran los males esperables en el horroroso momento que estaba viviendo. Eran los males soportables y estaba preparada para ellos. Peor que eso NO podía pasar. Mi padre debía estar bien, estaba obligado a estar bien, porque sería él el encargado de manejar mi jeep para huir al cerro en caso de tsunami.
Miraba incansable y mecánicamente mi celular, cuando Dios se apiadó de mi, y un "bip bip" sonó. Solo un mensaje de texto que decía: "Estamos todos bien, vamos al cerro en el jeep, nos llevamos los vecinos del frente".
GRATITUD POR DIOS, INFINITA GRATITUD. CALMA. FELICIDAD. Y DESAHOGO...
Y mi desahogo, se convirtió en lágrimas de gratitud... Un gran abrazo de la sra. Rosita, me cobijó, quien lloró junto conmigo.
- Están bien sra. Rosita, mi familia están todos bien- La mire, y comprendí que la calma que yo sentía aún no llegaba a ella, le entregué mi celular para que buscara comunicarse con sus hijos.
Tres personas, pidiendo ayuda y otro con una persona en brazos, despertaron mi alerta. Ahora pensaba claro, MI gente estaba bien. Pero a quienes tenía en frente no.
Y por fin en calma, respondí a la emergencia, y me puse a trabajar....
miércoles, 14 de septiembre de 2011
El fin del mundo, según Ameldre
Por primera vez en los últimos dos meses ningún paciente me habló del fin del mundo. Justo ahora, que se me ocurrió crear este blog, precisamente para hablar de eso. Pero bueno, la falta de tema me llevó a un momento de introspección, que culminó con una tremenda revelación: En mis treinta años de existencia, 5 veces se ha acabado el mundo.
Mi primer "fin del mundo" fue a los 13 años, ¿el motivo? no poder ir al concierto de los Pet Shop Boys. Toda una tragedia griega (bueno, en ese tiempo para mi lo fue... aunque ahora una sonora carcajada sea la respuesta a aquel recuerdo).
Mi segundo fin del mundo, fue a los 17 años, cuando por última vez me quité el uniforme escolar, y entendí que dejaba mi mundo de bilz y pap escolar, para entrar en una realidad dura y hostil. Alicia despertó del sueño, se dio cuenta que wonderland no existía, y que el conejo blanco era un apetitoso alimento en caso de necesidad.
El tercero, fue a los 19, cuando la primera desilusión de amor por una infidelidad me enseñó que la honestidad masculina es relativa y mutable, y que el daño de la mentira es retroactivo y más corrosivo que el ácido.
El cuarto, en marzo de 2008, cuando el padre de mi hija me abandona embarazada, y hospitalizada con síntomas de aborto. Este fue el más largo de todos los finales que he vivido, ya que solo me di cuenta, que no era el fin del mundo, cuando vi por fin ese hermoso par de ojos hinchaditos y esa pequeña manito que pretendía tomar la mía, justo después de nacer desde mi interior. Al ver mi hija, me di cuenta que no solo NO era el final, sino el comienzo de un nuevo mundo, hermoso y misterioso.
Y por último, mi quinto fin del mundo, y de seguro que fue compartido por varios, la madrugada del 27 de febrero de 2010. El terremoto 8,8 lejos de mi familia, de mi hija, sin saber de ellos, sin saber hechos, solo gritos, ruidos de estructuras cayendo, y mi propia angustia frente a la imagen mas surrealista de mi vida, fue unos minutos el fin del mundo, hasta que un mensaje de texto me devolvió el sentido y a la tierra: mi hija y mi familia estaba toda bien, huyendo al cerro en el jeep, sin heridas todos. Agradecí a Dios con más devoción que nunca.
No hay ser humano en el planeta, que no haya sufrido su propio fin de mundo. Algunos muy comprensibles, y la empatía se derrocha al escuchar algunas historias de personas que han sufrido tales tragedias que no quieren seguir viviendo. Otros "finales" -que para algunos nos pueden parecer risorios- para quienes los viven son angustiantes y dramáticos (como la adolescente de 16 años que ingirió 1 litro de cloro porque su sostén era talla 34 copa A). Eticamente no debo juzgar estos actos, solo actuar en lo que mi profesión me exige para mantener la vida de estas personas, pero a veces cuesta, y mucho. Morderme las palabras, y la consiguiente reprimenda ante casos absurdos como el de la chica del sostén, me es muy difícil. El impulso primario es decirle "si mañana se acaba el mundo, y mueres de manera horrible, la talla de tu sostén será lo último en que pienses niña tonta!".... pero no, debo respirar hondo, contar hasta diez, y decir "esto no es el fin del mundo pequeña, de seguro cuando crezcas te darás cuenta..."
Y muy cierto que eso es.
Mi primer "fin del mundo" fue a los 13 años, ¿el motivo? no poder ir al concierto de los Pet Shop Boys. Toda una tragedia griega (bueno, en ese tiempo para mi lo fue... aunque ahora una sonora carcajada sea la respuesta a aquel recuerdo).
Mi segundo fin del mundo, fue a los 17 años, cuando por última vez me quité el uniforme escolar, y entendí que dejaba mi mundo de bilz y pap escolar, para entrar en una realidad dura y hostil. Alicia despertó del sueño, se dio cuenta que wonderland no existía, y que el conejo blanco era un apetitoso alimento en caso de necesidad.
El tercero, fue a los 19, cuando la primera desilusión de amor por una infidelidad me enseñó que la honestidad masculina es relativa y mutable, y que el daño de la mentira es retroactivo y más corrosivo que el ácido.
El cuarto, en marzo de 2008, cuando el padre de mi hija me abandona embarazada, y hospitalizada con síntomas de aborto. Este fue el más largo de todos los finales que he vivido, ya que solo me di cuenta, que no era el fin del mundo, cuando vi por fin ese hermoso par de ojos hinchaditos y esa pequeña manito que pretendía tomar la mía, justo después de nacer desde mi interior. Al ver mi hija, me di cuenta que no solo NO era el final, sino el comienzo de un nuevo mundo, hermoso y misterioso.
Y por último, mi quinto fin del mundo, y de seguro que fue compartido por varios, la madrugada del 27 de febrero de 2010. El terremoto 8,8 lejos de mi familia, de mi hija, sin saber de ellos, sin saber hechos, solo gritos, ruidos de estructuras cayendo, y mi propia angustia frente a la imagen mas surrealista de mi vida, fue unos minutos el fin del mundo, hasta que un mensaje de texto me devolvió el sentido y a la tierra: mi hija y mi familia estaba toda bien, huyendo al cerro en el jeep, sin heridas todos. Agradecí a Dios con más devoción que nunca.
No hay ser humano en el planeta, que no haya sufrido su propio fin de mundo. Algunos muy comprensibles, y la empatía se derrocha al escuchar algunas historias de personas que han sufrido tales tragedias que no quieren seguir viviendo. Otros "finales" -que para algunos nos pueden parecer risorios- para quienes los viven son angustiantes y dramáticos (como la adolescente de 16 años que ingirió 1 litro de cloro porque su sostén era talla 34 copa A). Eticamente no debo juzgar estos actos, solo actuar en lo que mi profesión me exige para mantener la vida de estas personas, pero a veces cuesta, y mucho. Morderme las palabras, y la consiguiente reprimenda ante casos absurdos como el de la chica del sostén, me es muy difícil. El impulso primario es decirle "si mañana se acaba el mundo, y mueres de manera horrible, la talla de tu sostén será lo último en que pienses niña tonta!".... pero no, debo respirar hondo, contar hasta diez, y decir "esto no es el fin del mundo pequeña, de seguro cuando crezcas te darás cuenta..."
Y muy cierto que eso es.
lunes, 12 de septiembre de 2011
La vida es frágil... no cabe duda.
Las noticias de los últimos días me confirman lo que sé desde hace tiempo... nada es más frágil que la vida... el accidente de Juan Fernández se llevó a 21 personas, a 21 exitosas personas. En los picks de sus carreras profesionales, con planes personales importantes, con familias e hijos esperándolos.... pero no, LA VIDA ES LO MAS FRÁGIL QUE TENEMOS... lo he dicho y lo se desde hace tiempo. Porque? simple... trabajo en un servicio de urgencias.
Siete años de experiencia quizás sean pocos para algunos, pero he aprendido lecciones que algunos no logran entender en toda su existencia. La mas importante de estas enseñanzas? no importa quien seas, qué tengas, o de donde vengas, si tu vida llegó a su fecha de vencimiento, plaf!! eso ha sido todo.
He visto mucha gente morir en las maneras mas atroces y "absurdas" por así decirlo. Como otros sobrevivir en las condiciones más extremas e inverosímiles que se pueda imaginar. "Solo Dios sabe el cómo y el cuando".... muy cierto eso. He realizado maniobras de reanimación en condiciones extremas (como durante el terremoto), sin insumos, sin luz, sin agua; solo con mi voluntad de ayudar y la voluntad del otro por vivir, y hoy me agradecen por "salvar sus vidas". "Gracias, pero no tiene que agradecerme" digo yo, "yo solo hice lo que tenía que hacer; simplemente no era su hora". Siempre me miran con desconcierto... "Dios no quiso llevarme", me respondió una vez una paciente.. "no señora, AUN no quizo llevársela.."
Ahora, la mayoría de nosotros nos hemos visto bombardeados con información sobre "el fin del mundo"... ¿el fin del mundo?... ¿será posible que la vida de todos, TODOS, los seres del planeta tenga "fecha de vencimiento"?.... a modo muy personal, creo que no.. y me molesta cuando los religiosos fanáticos (casi sectarios) pretenden injertarte a la fuerza que estamos "en tiempos previos al apocalipsis". Somos una maravillosa obra de ingeniería, la más perfecta, y muchos pierden minutos valiosos de ser felices, leyendo información que los intoxica. Ayer una paciente me comentó.. "el mundo se acaba el 27 de septiembre, el cometa se alinea con la tierra y el sol y el mega terremoto del apocalipsis destruirá la humanidad", al preguntarle quien había dicho eso, me respondió "¡y usted no ve las noticias!". "No" -le respondí- "a esa hora estoy viendo toy story 1, 2 y 3 con mi hijita". Una gran carcajada de cuatro pacientes más me respondió que no estoy equivocada... es mejor vivir el momento y ser feliz, que pensar en el fin del mundo.
Agradecer lo logrado ayer, y valorar lo hecho hoy es como hay que vivir. Lo que vendrá mañana, será tarea de mañana, ninguno de nosotros sabe si estará aquí mañana. ¿Para que vivir atormentado por el cometa Elenin o diciembre del 2012? si mañana un conductor ebrio se cruza en tu camino o un delincuente cree que eres presa fácil... nadie sabe que sucederá.
Un ejemplo de actualidad, Camiroaga (QEPD), exitoso, famoso, según él con mucho tiempo por delante para planear el futuro, pocos saben que los restos que encontraron no son "restos", fue solo un brazo.... UN BRAZO!, el único consuelo de su familia y seres queridos fue un brazo... toda esa vida de éxito y planes futuros reducidos a una extremidad... así es de frágil la vida, y me molesta que hasta colegas (entiéndase personas con formación) pierdan minutos importantes de sus vidas escuchando pseudoprofecias que adormecen su conciencia en lo realmente importante.... VIVIR.
Día a día, a quienes amo hago saber cuanto los amo, y no me avergüenzo por ello. A veces odio, pero el demonio desaparece rápido y no alcanza a contaminarme, he aprendido a lavar la ira antes que me dañe. Sonrío día a día, porque se que hago sonreír a quienes me rodean, y nada me cuesta hacerlo. Rio a carcajadas (aunque a algunos les molesta), porque me llena de energía, y me hace sentir mejor. Si mi vida venciera hoy, partiría tranquila, porque este día he dado todo cuanto he podido a quienes se han cruzado en mi camino, he sido niña para jugar con mi hija, mujer para amar a quien amo, hija devota para decir "mamá te amo!!"; y profesional destacada para brindar un trabajo de elite en la mantención de esas otras vidas que a veces se cruzan en mi camino.... aun cuando se que la decisión final de esa vidas, no pase por mis manos.
Faltan 15 días para la supuesta fecha de vencimiento de la humanidad... si Dios quiere, mañana trabajo nuevamente, de seguro más personas me contarán que el cometa esto y la tierra esto otro.... ¿y que les contestaré?... que yo ocupo mi tiempo viendo dibujos animados y soy feliz, por si se acaba el mundo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)